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Tareas de Claudia sin AMLO: economía y Casa Blanca
Con mi solidaridad a mi amigo Jaime Méndez.
Oaxaca, Oax, 06 de junio del 2011 (Quadratín).- Semanas siguen su curso y pareciera que los priistas no hemos terminado de aprender las incontables lecciones de nuestra derrota electoral. La pálida, por no decir translúcida presencia de los temas locales de partido en los medios, contrasta con la permanente presencia de la oposición cuando el tricolor era gobierno. Y ello es solo un síntoma de cuanto pudiera venir en el futuro, si no somos capaces de reencontrarnos en una unidad que asuma como partido su papel opositor responsable y propositivo.
La élite priista se sigue comportando como si siguiera siendo gobierno, siendo que ahora claramente no existe siquiera mínima interlocución con el gobierno. Los electores no votaron por un presidente de partido, votaron por un gobernador y demostrado está que la fuerza electoral que acudió con historicidad a las urnas el pasado cuatro de julio, lo hizo en razón de un proyecto, de un partido, de una posibilidad de triunfo y no en razón de una persona, mucho menos de una élite.
Quien perdió la elección a gobernador debe, con humildad y buen juicio, entender que la presidencia del partido no era, de ninguna manera, premio de consolación y debió asumir, en su momento, la responsabilidad histórica de convocar a una gran cruzada para el reagrupamiento y la reorganización. Desgraciada y tristemente no es dueño de su voluntad, ni de sus decisiones.
El priismo de las regiones, afrontó la derrota con la misma pasión con que afrontó la campaña. Humanos como son, sufrieron el beneplácito hasta burlesco de quienes desde los municipios apoyaron a Gabino Cué; lo menos que esperaban era la llamada de aliento, de sosiego por parte de quienes en incontables ocasiones requirieron su activismo y su proselitismo. Una cosa pasó: Esa llamada nunca llegó y se vieron tristes, en la orfandad, en la zozobra.
Ello atrajo primero confusión, después desánimo que se fue transformando en resentimiento. Se supieron importantes sólo en las victorias, porque la inmensa mayoría no había sido partícipe de una derrota de tales proporciones. En algunos lugares el mismo priismo quedó confrontado por los errores de las precampañas en que idénticas candidaturas se prometieron a diferentes personas. Priistas contra priistas que inconformes y con sus razones no le entraron a las campañas y que sin embargo siguen siendo priistas, sin ismos asociados a los apellidos de dirigentes ni candidatos.
Ahí donde se tomaron buenas decisiones, los resultados siguieron la misma ruta y a casi un año de la derrota los militantes, las bases, se siguen reagrupando, reorganizando al encuentro de la certeza, de la unidad, del rumbo. El mérito es, sin embargo, de la propia militancia cuando debía ser labor de un liderazgo fuerte y legítimo.
El CEN está esperando la coyuntura de una decisión jurídica que dé razón a una de las partes, pero se olvida de que el problema del PRI oaxaqueño es de dos vertientes y la segunda es la política. El pasado viernes a las seis de la tarde con once minutos el Senador de la República Adolfo Toledo mandó un tweet a Humberto Moreira con el siguiente texto: A 3 meses de tu llegada al CEN ya arreglaste Jalisco / Oaxaca cuando
? En 2 meses CERO ACUERDOS CUMPLIDOS. Más allá de la importancia que Moreira pudiera tomar a la exigencia de un militante con fuero de la más alta tribuna de México, debe ser ineludible recalco- en una suerte de federalismo partidista, su compromiso con uno de los bastiones del PRI en México que con cada día se resquebraja más.
Priistas desencantados de sus líderes, de las prácticas de siempre, de grupúsculos que, en la iluminación, quieren seguir decidiendo por una inmensa mayoría, hacen nuevamente profesión de fe por su partido, el partido de todos quienes creen en un emblema y unas siglas, por colores que no tienen nombres ni apellidos.
En algún tiempo se entendió -que no se justificó- el status quo, la verticalidad de las decisiones, la relativa conveniencia de liderazgos investidos, impuestos. En un tiempo distinto, como el que ahora nos toca vivir, los liderazgos tienen que revalorarse o construirse, deben ser producto del esfuerzo, han de ser carismas naturales que hagan impensables los exclusivismos que hacen que la aceptación de unos conlleve el rechazo de otros.
El priismo debe reeducarse, abrirse al debate de las ideas. Ya no tenemos gobernador y debemos asumir que en las actuales circunstancias nos quedamos sin guía. Deben levantar la voz los liderazgos regionales y reclamar aquello que siempre les era negado: su capital político y la dignidad de su liderazgo. Hoy no hay gobernador a quien entregárselo obsequiosamente, entreguémoselo al PRI exigiendo limpieza y justicia en los procesos que siempre han marcado nuestros estatutos para encontrar a quien ejerza la dignidad de mandar obedeciendo.
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